¿Bancos de vida o bancos de dinero?
EDITORIAL
De cara a la galería dicen que es una acción altruista, un acto solidario de ‘mujer a mujer’. Sin embargo, pocos negocios han salido más rentables a lo largo de la historia que los de las donaciones de óvulos. Eso sí, siempre para las clínicas privadas y para las donantes, nunca para las ansiosas receptoras.
El precio de ser madre… no tiene precio. Bien lo saben en los centros de reproducción asistida que, con tan sólo dos o, en el mejor de los casos, tres donantes mensuales consiguen subsistir y pagar los gastos de mantenimiento y salario propios de cualquier empresa. Entre los gastos a los que tiene que hacer frente el centro están esos 900 euros que deben pagar a toda chica joven, sana, inteligente y, a poder ser, guapa que se decide a donar por muy diferentes razones. ¿Y esto es altruismo?
La Ley de Reproducción Asistida de 2006 dice que las donaciones deben ser meramente altruistas y que tan sólo se compensará a la donante por “gastos de desplazamiento u otras molestias”. ¡Caray, casi 1.000 euros por simplemente coger el coche o el autobús y someterte al tratamiento! ¿O es que detrás de “otras molestias” pueden existir efectos secundarios al tratamiento?
La lista de receptoras es inmensa y, seguramente, cualquiera de ellas pagaría lo que sea por subir unos peldaños más en esa nómina de mujeres ansiosas. Lo que pagan… sólo lo saben ellas y las clínicas.
Se suele decir que el verdadero padre no es el que procrea, sino el que cría. ¿Por qué no adoptar hijos? ¿No es igual de bonito que parirlos? Eso sí es un acto de pura solidaridad.
