Alquilar pisos en Santiago de Compostela puede convertirse en una auténtica odisea. Sobre todo si eres un estudiante universitario, con pocos ingresos pero sí mucha ilusión por encontrar el piso de tus sueños.
El duelo por encontrar un piso decente se inicia a finales de junio o inicios de julio. Por esa época las calles de Compostela están repletas de diferentes anuncios: los que ofrecen su piso para alquilar, los que buscan compañeros de piso, etc. Las agencias inmobiliarias están repletas. La lucha por encontrar el mejor piso de la ciudad acaba de estallar.
Las decepciones no tardan en aparecer. El tratamiento que las agencias inmobiliarias otorgan a los estudiantes no siempre es el mejor, pues en varias ocasiones los responsables les ceden las llaves de los pisos disponibles para que ellos mismos los miren. María de la Puente Vila, estudiante de segundo de biología que lleva dos años viviendo en pisos de alquiler nos contó que “en la mayoría de las inmobiliarias ni tan siquiera nos atendieron. Nos dieron las llaves para que nos buscásemos la vida. A los estudiantes nos tratan mucho peor, no les imponemos respeto. En cambio si van los padres todo cambia”. Tras visitar el primer apartamento, llega la primera desilusión: o bien los muebles no se adaptan a nuestras exigencias, o bien el piso carece de luz, las habitaciones son pequeñas o un sinfín de adversidades que nos hacen descartarlo con un primer vistazo. A medida que se avanza en la búsqueda, el panorama no siempre mejora. Paula Cid, compañera de piso de María y también estudiante de biología afirma que “ cada piso que veíamos era peor. Las decepciones ya llegaban con sólo abrir la puerta. Una vez de hecho casi ni pudimos abrirla, porque los muebles estaban tan saturados que ni espacio había”.
En muchos casos la búsqueda se prolonga días. Y a medida que pasa el tiempo las esperanzas por encontrar algo en condiciones disminuyen. Las exigencias entonces comienzan a reducirse, por temor a quedarse sin vivienda universitaria .Y si al principio el estudiante pretendía encontrar una vivienda similar a la suya, con el paso del tiempo esa aspiración se viene abajo. Iria Osorio, estudiante de segundo medicina reconoció que “casi acepto un piso bastante cutre, por temor a quedarme sin piso. Llevaba tres días buscando locamente y era lo mejor que había encontrado. Menos mal que mi madre me convenció de que no lo aceptase. Y me alegro por ello, porque el siguiente que vi por fin si era decente. Y de hecho me lo quedé”.
Los precios no siempre se corresponden con las prestaciones. Una madre, Esther Vila, madre de María, después de revisar más de 30 pisos declara que “por menos de 160 euros por persona no encontré nada digno para alquilar en Santiago. En la mayoría de los casos los apartamentos no disponen de instalaciones modernas: pervive la bombona de butano, no siempre cuentan con calefacción o ascensor, las tuberías suelen ser de plomo, los muebles están más que desgastados…No son viviendas dignas para vivir durante 9 meses”.
La versión de los arrendatarios es otra. Lino Gerpe lleva años alquilando su vivienda en Santiago, la cual se encuentra en la zona más céntrica. Este arrendatario critica el tratamiento que los estudiantes universitarios les dan a los pisos de alquiler “en un principio ni se me pasó por la cabeza alquilar a estudiantes, por temor a cómo podrían dejarme el piso. Tengo amigos que alquilaron y tuvieron muchos problemas. Yo, sin emabargo, he tenido suerte”. Ante esto, también afirma que los estudiantes no pueden exigir viviendas de lujo cuando ellos mismos no son capaces de cuidarlas. Por último, Lino también se queja del exceso de ruido que los estudiantes hacen en sus pisos, sobre todo por las noches. “Muchos vecinos se quejan ante mí por haberles alquilado el piso a estudiantes, pues por la noche muchas veces no pueden dormir del escándalo”, afirma Lino Gerpe.
Lo cierto es que cada día son menos los arrendatarios que quieren alquilar su piso a universitarios. Una agencia céntrica de Santiago nos confesón que cada vez más clientes les piden expresamente que no alquilen su piso a universitarios, que prefieren dejarlo sin alquilar, antes de que caigan en sus manos. “Cada año tenemos menos pisos de los buenos para ofrecer a universitarios. Lo que se ofrece a universitarios casi siempre es de una peor calidad. También creemos que es lógico. Ellos sólo van a pasar en el piso nueve meses y realmente es sólo un piso para estar de paso” declara un empleado de la agencia Amor, ubicada en la plaza de Vigo.
Por su parte, la Consellería de Vivienda afirma estar al tanto del descontento tanto por parte de los que alquilan su piso a estudiantes como por estos últimos. Ahora bien, echar mano al asunto es complicado: “No podemos revisar todos los pisos que se ponen en alquiler. Tanto los arrendatarios como los arrendados deben ofrecer y aceptar pisos en condiciones. Corre de su cargo esta tarea” No obstante, fuentes oficiales de la Consellería de Vivienda anima a denunciar a todos aquellos que sufran cualquier tipo de injusticia relativa a la vivienda. “Nadie debe callar.Tanto contratante como contratado deben estar conformes con el pacto que hicieron. Si no se respeta la legislación, lo mejor es afiliarse a alguna asociación o denunciar“.Por su parte, el Instituto Galego de Consumo no quiso realizar ningún tipo de valoración sobre este tema, por considerarla “información confidencial”. Por otra parte, aún estamos a la espera de respuesta por parte de la Organización de Consumidores y Usuarios.
Becas para estudiantes universitarios
