Tener un hijo hasta hace poco era cosa de dos. Sin embargo, la naturaleza no siempre concede este privilegio a todo el mundo. La infertilidad y otros problemas para concebir llevan a muchas parejas a recurrir a la colaboración de una tercera persona: el/la donante. En el caso de la donación de ovocitos, este gesto caritativo además viene acompañado de una jugosa recompensa económica. Las clínicas también son otras de las grandes beneficiadas económicamente de la compra y venta de ovocitos. Pero, ¿hasta qué punto se puede negociar con la vida?

Ley de reproducción asistida: caridad que se paga
La donación paso a paso
CRÓNICA: Mi experiencia como donante: “No volvería a donar”
EDITORIAL: ¿Bancos de vida o bancos de dinero?
OPINIÓN: de la Iglesia y de la ética